que dudo poder volverte a ver.
you could save me
we could fall in love
I promise you this
There would be no tomorrow
This night is our only season.

quisiera poder atrapar el momento justo donde las personas sienten que los te quiero ya no son suficientes, y entreabren los labios para comenzar a pronunciar un te amo. pero todavía no sale.
allí ocurren torbellinos de todo tipo, de esos que erizan la piel y hacen cosquillas en la panza. los coleccionaría por el mundo.
Entre todos sus papelitos desordenados y sus palabras desprolijas, se paró en puntas de pie y se acomodó unos mechones, de esos que molestan en la cara los días de viento.
- ¿Me abrazás?- le escribió en la esquinita de una nube.
Del otro lado del mundo, él manejaba un auto de verdad y hacía cosas de gente grande; desde la ventanilla, un pajarito le chistó para que mirara hacia arriba. Sonrió (no sabe si por el mensaje, o por estar haciéndole caso a un pajarito), y escribió en la nube de al lado:
- Te estoy abrazando todo el tiempo.
Es que a pesar de los kilómetros de ruta que los separan, comparten el mismo cielo. Esa noche se encontraron en sus sueños, y decidieron no despertar jamás.
se le escapa un pucherito y la emoción no tarda en estallar desde sus ojos, ahora color mar.
pensaba que no dolería el amor, pensaba que incluso extrañarse sería un lindo capítulo dentro de su never-ending story.
pensaba que podía pensar, pero ya ni eso le queda. el cuerpo le duele; le faltan tanto sus caricias canela y su mirada de no antifaz.
lleva en sus ojos, su imagen. ahora color mar.
quisiera ser un pez.
quisiera que mis piernas midieran cientos de kilómetros, para llegar a vos en dos pasos, y enredarme entre tu pelo, y alojarme entre tus manos, y volar hasta la luna en tus pestañas de avión.
(aunque pronunciara las palabras más feas del mundo, si están dirigidas a vos, tomarían vida, serían amigas, y harían hasta lo imposible para acomodarse y decir las cosas más lindas. cuando se trata de vos, no hay otra salida más que volver a pasar por la entrada)
http://www.flickr.com/photos/madeofwind/5882949304/in/photostream
escribía, cartas sin nombre;
dibujaba, personitas sin piel;
observaba, casi siempre ojos de papel.
en el veo veo siempre perdía. y es que desde chiquita, solamente cree en colores.
nada más y nada menos, que en colores.
nunca se llevó bien con la realidad.
Por la mañana se sentía hermosa, como hecha de sol y de arena,
como hecha de música recién salida de sus labios.
Por la mañana tenía algo de qué hablar
y la excusa perfecta para esquivar diarios y periodistas.
El último recuerdo que tenía era haberse quedado esperando al sueño con su cuello anatómicamente apoyado sobre aquel brazo casi lampiño. Pero esa mañana despertó, esta vez, y creyó que para siempre, sobre su simple almohada.
De repente e inesperadamente, la invadieron las ganas de no tener ganas, y de tirar toda su alegría por el balcón, aquella que era de a dos; sabía que cargarla sola se le haría demasiado pesada. Se llenó la panza de vacío, y comió todo lo que quedaba sobre la mesa de la cena anterior. Tenía la esperanza de engañarse y sentirse plena.
Desesperada, salió corriendo por los pasillos de no sabía dónde, buscando no sabía qué, pero era algo que sentía que había perdido.
Volviendo con la decepción del que busca y no encuentra, sumado a la angustia de no saber qué se busca, llegó y se quitó toda la ropa, de a poco, como reteniendo la sensación de que todavía algo le pertenecía y que esta vez era ella la que decidía dejar algo.
Allí, en el baño, tardó el tiempo necesario para que cada gotita ofendida por su rechazo se plasmara en el espejo y comenzara a vislumbrar lo que él le había dejado escrito para que lo vea con el primer vapor de la mañana. Sorprendida, y otra vez de a poco, sonrió, de esa manera dulce y algo enamorada que sonríen las chicas en las películas tontas de amor, aunque un poco enojada por usar tan mal su imaginación, se metió en la bañera y se dio cuenta que no flotaba: estaba llena nuevamente de todo lo que necesitaba, y esta vez no se atragantaría con postres con colorantes, sino que se llenaría de besos.
Se masajeó el cuello preparándolo para acomodarlo una noche más sobre el nido al que lo tenía acostumbrado, y volvió a leer el espejo.
Y sonrió.
Sintió aroma a vainillas.
Hace tanto que no lloraba
que la música esta vez le entraba por un oído
y del otro no salía.
Cantaba un poco con su voz, otro poco de la radio,
pero no lo pudo resolver.
Creyó que tal vez hablando en rima, todo saldría por su boca
que las palabras dejarían de apretar.
Se soltó el cabello
(en este momento no recuerda su color)
y con él se le soltó una lágrima.
Comenzó el diluvio.
Hacía tanto que no lloraba, se dijo.
Contar historias que no hayan existido.
Todavía.
hacia el mediodía se acuestan por debajo de la frazada verde
con cuidado de estar bien cubiertos, hasta los pies
para hacer de su mundo una noche sin estrellas
y él le pregunta
- a dónde quieres viajar hoy?
por telepatía arman su viaje de cada día
y escapan por el agujerito quemado de cigarrillo
de esos que ya no fuman.
hoy solo respiran amor.
ellos son de españa.
Nos pasamos la vida coleccionando palabras;
disimulando el aire que hay entre cada una,
simulando balbucear una, cuando en realidad decimos una frase bien completita.
Pretendemos engañar su vencimiento,
alargar la vida;
no vaya a ser que en algún momento se nos acaben
las palabras
o las vidas.
Nos pasamos las vidas coleccionando palabras
incluso, a veces, las robamos.
nos pasamos palabras, robando vidas.
incluso, a veces, perdemos la propia.
Jamás entenderemos que nunca pero nunca
las palabras nos van a alcanzar para entender. nada.
de nada. ni de la vida.
gracias.
Si bien lo que causaron en un principio fue sorpresa, pronto los vecinos se acostumbrarían, y el hecho de que crecieran en veinticuatro horas sería visto como un divertido juego de vereda para pasar el rato, como cualquier persona podría inventar para engañar al tiempo que los fines de semana tanto aburre.
Eran dos, y sin embargo no podían sumarse para engañar a la altura y medir un poco más. Aquellas pinturitas de colores brillantes, que dejan los labios de Barbie y los cachetes ruborizados, estaban en el estante más alto de los secretos de mamá, allí donde las nenas no llegan hasta no ser señoritas. O hasta que ya no se lo prohíban.
Hartas veces habían intentado ablandar la rigidez de su madre, mediante, por lo general, ricos regalos culinarios, ausencia de peleas entre hermanas, o simplemente llegando del colegio con boletines de calificaciones que superan el diez. Pero a todo intento, le seguía el fracaso.
Una mañana de feriado, jugar en la vereda fue su mejor opción, y resultó tan divertido, que las horas decidieron extenderse y la energía se multiplicó. Y sintieron, de golpe, que los zapatos apretaban. Sí, habían crecido un poco más. Solo un poco, pero lo suficiente como para tener el derecho de desobedecer, y esta vez no fracasar. Entonces corrieron a la habitación de cama matrimonial y altos estantes, estiraron puntas de pie y alargaron dedos de mano, y como por arte de magia lo que era imposible dejó de serlo.
El hecho de jugar como niñas al sol por las mañanas, para jugar a ser dos mujercitas coquetas por las noches, se volvió una trampa de fin de semana al darse cuenta que la energía solar, y no la sopa de espinacas, las hacía crecer.
- Ya estamos acostumbrados, es lo que genera la magia de la infancia-, comenta el vecino de enfrente, con la misma inocencia de un niño.
Luego de una larga tarde de baño de sol, el tiempo parece pasar precipitadamente, para llegar a la frutilla del postre: por las noches, se enlistan en dos minutos, se ayudan mutuamente para tener cuatro manos y vencer la ansiedad, los colores parecen esparcirse por sí mismos sobre cada recoveco, cada rasgo de las niñas; decoran sus cuerpos con lentejuelas que titilan al reflejar la luz intermitente del televisor, alargan sus cabellos con pelucas de lana y los decoran con flores del jardín, juegan a tener diálogos de grandes y simulan el sonido de una bocina, porque claro, también se inventan, a veces otras amigas a veces algunos maridos, que las pasan a buscar, a veces en bicicleta a veces en cuatro ruedas.
Ahora ellas parten divertidas, con zapatos apretados pero rostros brillantes, muy vestiditas de sábado.
{Musa inspiradora}: tema "Vestiditas de sábado" de Flopa, y la consigna de escribir un cuento que contenga ciertos núcleos preestablecidos, propuesto por la materia "Comprensión te textos"
Hay momentos, en especial antes de irse a dormir, que le encanta olvidarse que tiene veintitrés. Juega a escribir la fecha al revés, la escribe en palabras para confundirse entre dieciseis y dieziceis, y engañar al tiempo para viajar hacia atrás.
A veces, son esas veces, y mientras duran, se siente chiquita hasta casi desaparecer. Se siente chiquita como una nena, casi casi como una niña. Chiquita frente al amanecer. Lo sabe, siente cómo le duele la panza, y no por comer mucho; ella se ríe, mucho. Por las mañanas estalla de buen humor.

quiere llenarse
> la panza de risa
> los ojos de luces
> las pieles de soles
> más pájaros en la cabeza
> sus cabellos, sabores
> los oidos de cantos
> en la boca mil voces
quiere llenarse
ella lo sabe
la vidadevida.
Sin hacer ruido, pasó la izquierda por arriba de la derecha: y es que las piernas cruzadas en el mismo orden nunca le duraron mucho, la que queda por debajo jamás tarda en dormirse. Y se queja.
- No.- Dijo él, aunque intentando ser amable.
-Ah...- y volvió a mirar por la ventana, para seguir imaginando cómo sería su vida si se animara a entregarle un papelito con su nombre y lograra que él también se enamore.
Apoyada sobre la ventana de los colectivos, le encanta llevar auriculares, enamorarse de algún chico-pasajero, e inventar historias de amor, construir imágenes de color vintage y ponerlas en textos con alguna palabra en diminutivo. Es su forma favorita de darle vida al tiempo muerto que intenta aburrirla en cada viaje en colectivo.
Mientras caminaba bajo la lluvia, dejó de quejarse de la humedad
y comenzó a disfrutar del agua.
Así, mientras nadaba a través de la ciudad,
esquivando personas disfrazadas de pez
y atravesando antifaces con forma de alas,
se quitó la careta,
se quedó ideológicamente desnuda, y se volvió una chica existencial.
Sonrió, respiró.
Y salió el sol.
tus rizos encajonados, las manos casi de abuelo, los ojos con escarcha de verano.
en ese momento me di cuenta que estábamos estirando algo que ya había dejado de existir hace tiempo. aquello que nunca había comenzado.